Parar, reposar, digerir. Parar a mitad de etapa para contemplar el vuelo de un ave, los rojizos que anuncian el atardecer, una mariposa que desfia el frio leones en noviembre. Reposar las ideas, jugar con las palabras. Digerir lo que está por venir.
Comencé el Camino con una idea de hacerlo en x días, en hacer los kilometros necesarios para terminar "pronto" aunque, repetía cada dos por tres que no tenía prisa. Ahora, lo hago sin prisa de verdad. Me paro a hablar con la gente, me marco las etapas según disponibilidad del albergue, contemplo más y corro menos.
Antes de ayer, cuando entre en León, sentí como si me hubieran chupado la energia con una pajita. No era capaz de encontrar el albergue y casi me salgo de la ciudad. Más tarde descubrí que a las monjas que llevan el albergue les funciona mal el reloj, una oración de quince minutos se transforma en más de media hora de rezos, salmo y Salve en latín incluidos.
Ayer cuando salía de la ciudad empece sin energía, no quería andar. Cuando llegué a una bifurcación lo vi claro, entre campos y carretera me quedo con lo primero aunque eso signifique cargar con medio kilo de barro extra en cada bota, la moda del peregrino, plataformas naturales. Camine despacio, deseando parar, pensando por momentos "me estoy confundiendo, regreso a casa" pero al rato me reafirmaba en llegar al final, Muxia.
Se me mezclan los días, confundo los pueblos, la mayoria de las veces tengo que preguntar donde estoy y necesito mirar la credencial para saber donde dormí ayer. Pero no me olvido de la mujer que en Arcahueja, me dijo que le diera un abrazo al santo de su parte y que le pidiera salud. Del anciano que en en el bar de Chozas de Abajo, me preguntó si no me daba miedo ir sola, porque es peligroso que una moza ande sola por los caminos. De los hospitaleros que voy encontrando, ya he entendido por que la hospitalidad se basa también un poco en ignorar a la otra persona.
En esta casa, donde el libro de visitas son las paredes de cuartos, cocina. Aquí, donde he parado para llegar más tarde. En el bar, donde he dicho lo que pensaba sabiendo que estaba sola. Donde no todo me gusta. Me he dado cuenta que puedo y no sólo puedo, sí no que debo y si hace falta enseñar los dientes.
sábado, 10 de noviembre de 2012
jueves, 1 de noviembre de 2012
Adios Castrojeriz. Parada en Población de campo. Llegada a Carrión de los Condes.
Mientras tumbados en la cama, unos escriben, otros se arreglan los pies (es muy importante cuidarlos, si no te quieres acordar mañana) yo entro en la habitación y cojo la crema para darmela en las piernas mientras espero. Por el camino me encuentro gente que acaba de llegar y todavía está en el paso de la ducha.
"El camino es acostarse a las siete, para levantarse a las siete" me dijo una peregrina, con la que por fortuna compartí unos días entrañables y encantadores. El camino para mí es, levantarse medianamente pronto ( ahora que amanece más tarde, para que andar sin ver) caminar unas dos o tres horas, almorzar, caminar otro tanto, buscar albergue, ducha, lavado de ropa, cerveza fria, compartir un poco de tiempo con otros peregrinos, rezar, ateamente, por que esa persona que te da dentera se quede en otro sitio, cenar, cuidado de pies y dormir. Hay que destacar el cuidado de los pies, aparte del lavado, una crema hidratante por la noche, un "automasaje" mirando minuciosamente donde molesta, como está la piel, si se han pelado, ha salido alguna ampolla, las uñas, vamos, mimarlos como al niño de tus ojos, despues de haberles metido caña. Hay quien dice que la vaselina por la mañana, yo me la di un día, porque me pusieron el grito en el cielo, unos días más tarde la deje para algún peregrino en el albergue donde he estado casi un mes.
Ayer, el albergue no tenía calefacción, una estufa y una manta fue suficiente. La hospitalera de Población de Campos, se había acercado al albergue de Castrojeriz para pedirnos que les dijeramos a los peregrinos que estaba abierto y nos dijo que si ibamos nos daría una copa de vino como obsequio de bienvenida, convencí a Juan, un peregrino que conocí en Castrojeriz, para ir, la mujer nos recibio con los brazos abiertos, nos ofeció quedarnos unos días para echar una mano y nos invitó al desayuno. Grande.
A la entrada de Población, nos encontramos con un "abuelo" de Almería de sesenta y pico años, que montado en una bicicleta iba gritando a la gente del pueblo, "Salir del agujero, que estais muertos. ¿Frio ahora?" Se quejaba de que la gente a los sesenta años se querían morir. Él, con su huerto, su bici y sus chapuzas estaba joven y lozano.
Hoy, un albergue parroquial, lleno de imagenes, oraciones... lo importante, agua caliente, cama, calefacción, un lujo.
"El camino es acostarse a las siete, para levantarse a las siete" me dijo una peregrina, con la que por fortuna compartí unos días entrañables y encantadores. El camino para mí es, levantarse medianamente pronto ( ahora que amanece más tarde, para que andar sin ver) caminar unas dos o tres horas, almorzar, caminar otro tanto, buscar albergue, ducha, lavado de ropa, cerveza fria, compartir un poco de tiempo con otros peregrinos, rezar, ateamente, por que esa persona que te da dentera se quede en otro sitio, cenar, cuidado de pies y dormir. Hay que destacar el cuidado de los pies, aparte del lavado, una crema hidratante por la noche, un "automasaje" mirando minuciosamente donde molesta, como está la piel, si se han pelado, ha salido alguna ampolla, las uñas, vamos, mimarlos como al niño de tus ojos, despues de haberles metido caña. Hay quien dice que la vaselina por la mañana, yo me la di un día, porque me pusieron el grito en el cielo, unos días más tarde la deje para algún peregrino en el albergue donde he estado casi un mes.
Ayer, el albergue no tenía calefacción, una estufa y una manta fue suficiente. La hospitalera de Población de Campos, se había acercado al albergue de Castrojeriz para pedirnos que les dijeramos a los peregrinos que estaba abierto y nos dijo que si ibamos nos daría una copa de vino como obsequio de bienvenida, convencí a Juan, un peregrino que conocí en Castrojeriz, para ir, la mujer nos recibio con los brazos abiertos, nos ofeció quedarnos unos días para echar una mano y nos invitó al desayuno. Grande.
A la entrada de Población, nos encontramos con un "abuelo" de Almería de sesenta y pico años, que montado en una bicicleta iba gritando a la gente del pueblo, "Salir del agujero, que estais muertos. ¿Frio ahora?" Se quejaba de que la gente a los sesenta años se querían morir. Él, con su huerto, su bici y sus chapuzas estaba joven y lozano.
Hoy, un albergue parroquial, lleno de imagenes, oraciones... lo importante, agua caliente, cama, calefacción, un lujo.
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