Mientras tumbados en la cama, unos escriben, otros se arreglan los pies (es muy importante cuidarlos, si no te quieres acordar mañana) yo entro en la habitación y cojo la crema para darmela en las piernas mientras espero. Por el camino me encuentro gente que acaba de llegar y todavía está en el paso de la ducha.
"El camino es acostarse a las siete, para levantarse a las siete" me dijo una peregrina, con la que por fortuna compartí unos días entrañables y encantadores. El camino para mí es, levantarse medianamente pronto ( ahora que amanece más tarde, para que andar sin ver) caminar unas dos o tres horas, almorzar, caminar otro tanto, buscar albergue, ducha, lavado de ropa, cerveza fria, compartir un poco de tiempo con otros peregrinos, rezar, ateamente, por que esa persona que te da dentera se quede en otro sitio, cenar, cuidado de pies y dormir. Hay que destacar el cuidado de los pies, aparte del lavado, una crema hidratante por la noche, un "automasaje" mirando minuciosamente donde molesta, como está la piel, si se han pelado, ha salido alguna ampolla, las uñas, vamos, mimarlos como al niño de tus ojos, despues de haberles metido caña. Hay quien dice que la vaselina por la mañana, yo me la di un día, porque me pusieron el grito en el cielo, unos días más tarde la deje para algún peregrino en el albergue donde he estado casi un mes.
Ayer, el albergue no tenía calefacción, una estufa y una manta fue suficiente. La hospitalera de Población de Campos, se había acercado al albergue de Castrojeriz para pedirnos que les dijeramos a los peregrinos que estaba abierto y nos dijo que si ibamos nos daría una copa de vino como obsequio de bienvenida, convencí a Juan, un peregrino que conocí en Castrojeriz, para ir, la mujer nos recibio con los brazos abiertos, nos ofeció quedarnos unos días para echar una mano y nos invitó al desayuno. Grande.
A la entrada de Población, nos encontramos con un "abuelo" de Almería de sesenta y pico años, que montado en una bicicleta iba gritando a la gente del pueblo, "Salir del agujero, que estais muertos. ¿Frio ahora?" Se quejaba de que la gente a los sesenta años se querían morir. Él, con su huerto, su bici y sus chapuzas estaba joven y lozano.
Hoy, un albergue parroquial, lleno de imagenes, oraciones... lo importante, agua caliente, cama, calefacción, un lujo.
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